Nuestra Ley del Exito, la Nº 18 de nuestras 22 Leyes Inmutables del Marketing dice:
"El éxito precede a la soberbia y la soberbia precede al fracaso"
En realidad no es una novedad, está en el Viejo Testamento, Libro de los Proverbios, Capítulo 16, Versículo 18 "El preludio de la ruina es el orgullo, el preludio de la caída es el espíritu altanero"
Probabalemente esta es una de nuestras leyes que mejor se aplica a la política. Si hacemos un repaso de los cambios de gobierno, veremos que la mayoría de las veces no hay "uno que gana", lo que ocurre es que "hay uno que pierde".
El ego es el enemigo del éxito en marketing. Cunado triunfan los seres humanos pierden la objetividad y termina intentando imponer su propio juicio sin tener en cuenta lo que quieren realmente los clientes o, en este caso, los lectores.
Esto sin tener en cuenta, además, que igual que las empresas, los partidos políticos y los gobiernos "son" personas. Es decir, lo que hagan incluso más que lo que dejen de hacer, es por lo que son castigados.
Todo ello con el agravante, o contrario, según el clima en el que la situación se produce. Lo que decía Ortega y Gasset. "El hombre y sus circunstancias".
Las circusntancias no han sido favorables, el "orgullo" y el espíritu "altanero" les han pasado factura y Touriño & Quintana han perdido.
¿Quita esto mérito a Nuñez Feijó? Pues no. El que más que ganar se diga que han perdido sus oponentes no le quita mérito. En política es como en negocios que el cliente puede "no comprar" porque no hay, prácticamente ningún producto que sea imprescindible. En política se puede no votar, pero si se vota hay que votar por alguien, incluso el voto en blanco tiene un significado.
Por tanto, si el líder, el que gobierna, ha perdido la simpatía o el apoyo popular, tiene que haber alguien que de la confianza suficiente.
No ocurrió en la reelección de Bush ni en la de Rodriguez (Zapatero).
Pero sí con Nuñez Feijó, que estaba en el sitio correcto en el momento adecuado.
Por tanto: ¡ Enhorabuena!
El branding es el proceso de construcción de una marca. Para ello es necesario definir una estrategia, un Positioning, para gestionar los activos vinculados, ya sea de manera directa o indirecta, a un nombre comercial y su correspondiente logotipo o símbolo.
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lunes, 2 de marzo de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
Aznar: “el anticomunicador”
En realidad no sabemos si al Sr. Aznar su probada incapacidad para comunicarse con los ciudadanos le preocupa poco, mucho o nada. Tal vez lo último.
Al nosotros si nos preocupa porque, al final, nos afecta. El silogismo es muy claro. Aznar es un personaje público reconocido o, incluso, renombrado a nivel nacional e internacional. Lo que diga públicamente es recogido por los medios, que lo publican (como los periodistas lo hayan entendido) y eso es interpretado por quienes reciben los mensajes. Por tanto, lo que se publica del Sr. Aznar afecta a su partido (aunque el no quiera o en la realidad ya no tenga protagonismo interno - ¿Nos lo creemos?) y también al país y si afecta a su partido y al país nos afecta a todos.
Es una situación como la que estamos los políticos, gobierno y oposición son claves para la buena marcha de España. Necesitamos un gobierno competente y eficaz (¿lo tenemos? ¿Rodríguez Zapatero y su equipo lo son?). Y una oposición que haga del gobierno un gobierno más eficaz (¿lo hace la oposición? ¿Rajoy y sus chicas valen para eso?). Y, a nivel internacional, necesitamos mejorar nuestra imagen. De todas formas, fuera de España, lo que diga Mr. Aznar pasa inadvertido…
La forma en que nos contó la intervención de España en la guerra de Irak daría para escribir un manual de “lo que no hay que hacer si uno quiere influir en los demás”. Si a eso le agregamos lo mal que se comunicó con todos nosotros durante los dos últimos años de gobierno, tal vez haya una explicación clara de lo que ocurrió el 14 M de 2004.
Desde el punto de vista humano no estaría mal que el Sr. Aznar le echara un vistazo a los libros de Daniel Goleman sobre “Inteligencia Emocional”.
Pero si, como dijo Karl Von Clausewitz en su famosísimo libro De la Guerra (1834), “la política puede ser considerada como una especie de comercio a gran escala”, entonces Aznar tendría que pensar de si mismo como si fuera un producto o servicio que los ciudadanos deberían estar interesados en comprar.
Algo que con expresiones sobre Barack Obama (“… es un exotismo histórico”) y sobre Gerorge W. Bush (“… un gran estadista…”) no parece tenga intenciones de corregir.
Si las tuviera le recomendamos dos de nuestros libros: El Nuevo Posicionamiento y Diferenciarse o Morir.
De todas maneras antes, tal vez, debería repasar El Libro de los Proverbios, del Antiguo Testamento. Le recomendaría especialmente el versículo 18 del capítulo 16, dice: “El preludio de la ruina es el orgullo, el preludio de la caída es el espíritu altanero”.
Al nosotros si nos preocupa porque, al final, nos afecta. El silogismo es muy claro. Aznar es un personaje público reconocido o, incluso, renombrado a nivel nacional e internacional. Lo que diga públicamente es recogido por los medios, que lo publican (como los periodistas lo hayan entendido) y eso es interpretado por quienes reciben los mensajes. Por tanto, lo que se publica del Sr. Aznar afecta a su partido (aunque el no quiera o en la realidad ya no tenga protagonismo interno - ¿Nos lo creemos?) y también al país y si afecta a su partido y al país nos afecta a todos.
Es una situación como la que estamos los políticos, gobierno y oposición son claves para la buena marcha de España. Necesitamos un gobierno competente y eficaz (¿lo tenemos? ¿Rodríguez Zapatero y su equipo lo son?). Y una oposición que haga del gobierno un gobierno más eficaz (¿lo hace la oposición? ¿Rajoy y sus chicas valen para eso?). Y, a nivel internacional, necesitamos mejorar nuestra imagen. De todas formas, fuera de España, lo que diga Mr. Aznar pasa inadvertido…
La forma en que nos contó la intervención de España en la guerra de Irak daría para escribir un manual de “lo que no hay que hacer si uno quiere influir en los demás”. Si a eso le agregamos lo mal que se comunicó con todos nosotros durante los dos últimos años de gobierno, tal vez haya una explicación clara de lo que ocurrió el 14 M de 2004.
Desde el punto de vista humano no estaría mal que el Sr. Aznar le echara un vistazo a los libros de Daniel Goleman sobre “Inteligencia Emocional”.
Pero si, como dijo Karl Von Clausewitz en su famosísimo libro De la Guerra (1834), “la política puede ser considerada como una especie de comercio a gran escala”, entonces Aznar tendría que pensar de si mismo como si fuera un producto o servicio que los ciudadanos deberían estar interesados en comprar.
Algo que con expresiones sobre Barack Obama (“… es un exotismo histórico”) y sobre Gerorge W. Bush (“… un gran estadista…”) no parece tenga intenciones de corregir.
Si las tuviera le recomendamos dos de nuestros libros: El Nuevo Posicionamiento y Diferenciarse o Morir.
De todas maneras antes, tal vez, debería repasar El Libro de los Proverbios, del Antiguo Testamento. Le recomendaría especialmente el versículo 18 del capítulo 16, dice: “El preludio de la ruina es el orgullo, el preludio de la caída es el espíritu altanero”.
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